El niño no es un proyecto de hombre ni un hombre jibarizado o incompleto sino un ser dotado con una psiquis totalizadora, abierta a la irrupción de un tiempo y un espacio propios, donde lo real y lo maravilloso configuran los parámetros entre los cuales resplandece una personalidad singular. Su élan inquisitivo lo lleva a preguntar incansablemente por el proceso causal que concede materia y significado a las cosas; es el dueño ingenuo y a la vez sapiente de un espíritu holístico, de una concepción animatista de la naturaleza circundante.
Está poseído por un instinto hechiceril y, a la vez, exhibe tal capacidad para el asombro y el entusiasmo que estos rasgos existenciales lo convierten en una entidad diferente de los representantes del colectivo desencantado y escéptico de los adultos.
Está poseído por un instinto hechiceril y, a la vez, exhibe tal capacidad para el asombro y el entusiasmo que estos rasgos existenciales lo convierten en una entidad diferente de los representantes del colectivo desencantado y escéptico de los adultos.
¡Hola!, Amalia: Me permito agregar que el adulto cuando juega se hace níño, divirtíendose y olvidándose por un momento de los problemas que lo agobian. Saludos, Wáshington
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